Desfinanciar o Invertir, dos fórmulas opuestas para abordar la educación superior pública brasileña

Renato Duro Dias
Prof. Derecho, Ex vicerrector FURG
Brasil

La trayectoria de las inversiones en las universidades federales brasileñas presenta contrastes significativos entre las gestiones de Jair Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva, reflejando prioridades políticas distintas en escenarios económicos complejos.

Durante el gobierno de Bolsonaro (2019-2022), las instituciones federales enfrentaron un período de significativa contracción presupuestaria, con una caída real de aproximadamente 5% al año en los recursos totales liquidados. Este ciclo estuvo marcado por bloqueos sucesivos en las asignaciones discrecionales, que afrontaban gastos básicos como agua, luz y bolsas (becas), llegando a cortes del noventa y tres por ciento en las inversiones en infraestructura y equipos en determinados períodos, lo que generó crisis de funcionamiento en diversas universidades. Además, la dificultad de planificación a largo plazo se vio agravada por la inestabilidad de los recursos disponibles, afectando directamente proyectos académicos, investigaciones y el mantenimiento de laboratorios. Varios rectores han informado que, en este contexto, la deserción estudiantil y la disminución de los programas de asistencia social se han convertido en desafíos urgentes para la sostenibilidad institucional.

Con el regreso de Lula a la presidencia en 2023, hubo un esfuerzo inicial de recomposición (Enmienda Constitucional 126/2022), que complementó el presupuesto en R$ 5,04 mil millones, valor superior al último año de Bolsonaro y los niveles de 2016. Ese aporte fue fundamental para intentar revertir el escenario de caída continua en las inversiones de las universidades federales, una vez que, en el período anterior, instituciones enfrentaron innumerables dificultades para mantener sus actividades esenciales y proyectos de investigación.

El aumento del presupuesto permitió la reanudación de programas de asistencia estudiantil, fortalecimiento de la infraestructura y mayor estabilidad en los repasos mensuales, reduciendo el impacto de bloqueos y parcelamientos que marcaron los años anteriores. Además, la recomposición abrió espacio para un diálogo más cercano entre el gobierno federal y las universidades, buscando soluciones a desafíos estructurales y promoviendo la sostenibilidad institucional en el largo plazo.

A pesar de este avance, el contexto económico y las limitaciones impuestas por el nuevo marco fiscal mantienen la financiación de las universidades federales en constante disputa, con el objetivo de recuperar el poder adquisitivo perdido en la última década y garantizar la expansión y calidad de la educación superior pública en el país.

El escenario para 2025 y 2026 revela un ambiente en oscilación y disputa, donde el gobierno equilibra inversiones buscando respetar las restricciones del nuevo marco fiscal. Mientras el Ministerio de Educación (MEC) anuncia paquetes de recomposición para revertir los recortes impuestos por el Congreso, como la devolución de casi R$ 500 millones previstos para 2026.

Las universidades continúan su batalla para garantizar y ampliar sus recursos y dotaciones presupuestarias. Así, se destaca que la actual gestión federal ha revertido la tendencia de caída continua observada bajo Bolsonaro y reanudó el diálogo institucional. De esta forma, la financiación de las universidades federales sigue disputando espacio en el presupuesto público y todavía hay mucho por avanzar. Finalmente, se observa el compromiso del gobierno federal en fortalecer el diálogo, evidenciado por la frecuencia de reuniones entre el Presidente Lula y el Ministro de Educación. Estas agendas han sido fundamentales para alinear estrategias orientadas a la recomposición presupuestaria de las universidades federales, buscar soluciones a desafíos estructurales y garantizar el mantenimiento de programas esenciales como asistencia estudiantil e inversiones en infraestructura.

Además, la proximidad entre el Palacio del Planalto (sede del Gobierno) y la cartera de Educación ha facilitado la creación de canales institucionales para escuchar las demandas de los rectores y representantes de las universidades, promoviendo una gestión más participativa y transparente. Este ambiente de diálogo continuo refuerza el compromiso del gobierno con la recuperación del poder de gestión de las instituciones y la búsqueda de avances en la calidad de la educación superior, incluso frente a las limitaciones impuestas por el nuevo marco fiscal y el escenario económico, especialmente el externo.